Categoría: Artículos de Andrés Herrera
9 Noviembre 2006
Tras las jornadas de acusaciones de corrupción al matrimonio presidencial -en firme contra la primera Dama y sospechas hacia el Presidente- por parte de la Fiscalía del Estado y las manifestaciones exigiendo la dimisión d Chen Shui-bian del pasado fin de semana, todo parece volver a la calma.
Al menos eso es lo que , ayer, declaró el el primer ministro Su Tseng-chang, para quien la actuación de los fiscales es una muestra de solidez de la democracia taiwanesa. Para Su, al tiempo que la justicia investiga y la gente se expresa libremente, el Yuan Ejecutivo (Gabinete), trabaja con normalidad y apoya al Presidnete.
No es este el único apoyo recibido por Chen. Su formación política - elPartido Progresista Democrático (PPD)- tras analizar la crisis desatada por las acusaciones, ha decidido que respaldará al presidente en estos momentos.
El Comité de Procedimiento del Parlamento ha aceptado tramitar una nueva moción de censura, presentada por el Kuomintang, y mañana viernes tendrá fecha (se especula que será el 24 de noviembre)con un Chen más acosado que nunca, pues sus tradicionales aliados políticos de la Unión Solidaria de Taiwan del ex-presidente Lee no parece que vaya a respaldarle en esta ocasión. Más bien al contrario, desde las filas de este partido también se pide la dimisión del Presidente.
Así las cosas, el PPD se quedará solo en el Yuan Legislativo (Parlamento) respaldando a Chen, lo que a priori será suficiente para evitar los dos tercios de votos necesarios para que la moción prospere.
La clave del asunto es que, la decisión del PPD podría conllevar la expulsión de aquellos diputados que no respeten la dicisplina impuesta por el partido. Cuando desde dentro de la formación que sostiene al gobierno, se han alzado voces partidarias de la dimisión de Chen Shui-bian, la próxima moción de censura constituye una verdadera prueba de fuego para la formación política.
Y mientras Chen, su gobierno y el PPD hacen cábalas para afrontar lo que podría ser la más grave crisis de su joven historia como formación política, el Kuomintang prepara las elecciones a las alcaldías de Taipei y Kaohsiung como un paso hacia su retorno al poder, y sobre todo, como el momento necesario para la recuperación de su prestigio político
Otro punto de vista sobre esta misma cuestión en:
Rios Xulio, "¿A la tercera va la vencida?" en La Insigniahttp://www.lainsignia.org/2006/noviembre/int_002.htm
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22 Agosto 2006
Junichiro Koizumi -actual primer ministro de Japón-abandonará el 20 de septiembre la jefatura del gobernante Partido Liberal Democrático como paso previo a su, tambíén anunciada, renuncia al cargo de primer ministro.
Hasta el momento, solo Sadakazu Tanigaki, ministro de Finanzas había formalizado su candidatura como sucesor de Koizumi, pero Taro Aso -actual ministro de exteriores- se le acaba de sumar a la carrera por la dirección del PLD. Conviene tener en cuenta que la jefatura del partido gobernante es casí una garantía de acceso al puesto de primer ministro.
Aso pertenece a la línea más conservadora del PLD,y más allá de la retórica diplomática, apoya la política de ascenso político y militar de Japón y es visitante habitual del Templo de Yasukuni. Por el contrario, el ministro de finazas es un abierto defensor del entendimiento con China y Corea y ya ha anunciado que no visitara Yasukuni en caso de ser elegido.
Sadakazu Tanigaki y Taro Aso representan diferentes matices de una política que anuncia el regreso de Japón a la escena internacional, y que tiene como teatro privilegiado las relaciones con sus vecinos, especialmente con China, un asunto clave en la política japonesa durante los próximos años, por lo que la sucesión de Koizumi es de vital interés para la región. Por eso habrá que estar atento al momento en el que se postule el favorito para ese cargo que es el actual secretario del gobierno: Shinzo Abe.
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16 Agosto 2006

Se confirma oficialmente que el próximo 14 de septiembre se celebrará la sexta cumbre entre Estados Unidos y Corea del Sur, desde que Roh Moo-hyun asumió la presiencia del país en 2002.
Oficialmente, el centro de la agenda en su reunión con George W. Bush lo ocupará la crisis nuclear norcoreana. Sin embargo, el viaje tiene otra dimensión: reducir la tensión entre Estados Unidos y Corea del Sur por la demanda de Seul de recuperar el mando militar en caso de conflicto en la península.
Es poco conocido, pero desde el inicio de la "Guerra de Corea" en 1950, el mando operativo de combate en Corea del Sur fue entregado a Estados Unidos que todavía detenta y que incluye tanto las tropas estadounidenses allí destacadas (30.000 efectivos que serán 25.000 en 2008) como el ejercito surcoreano.
Desde el gabinete de Roh Moo-hyun se ha impulsado un plan destinado a traspasar el control operativo de las tropas surcoreanas en tiempos de guerra. Actualmente estas dependen de un alegórico mando combinado (estaudounidense-coreano) bajo las ordenes de un general de EEUU. En opinión del presidente coreano esta situación es vergonzosa.
La respuesta a este plan de traspaso no se ha hecho esperar. Además de las "naturales" tensiones con Washington -que formalmente coopera con el proyecto- se ha públicado un comunicado firmado por la totalidad de ex-ministros de Defensa que ha tenido el país en el que se exige detener estas conversaciones que “con seguridad dañará la alianza y conducirá a la retirada de las tropas de Estados Unidos”.
Para el partido goberante, la recuperación del control operativo es un asunto de orgullo nacional, además de una continuación natural del traspado del control en tiempos de paz de sus propias tropas - 650.000 efectivos (el sexto del mundo) con una importante transferencia tecnológica estadounidense- asumido en 1994.
De acuerdo al plan que discuten EEUU y Corea del Sur, el comando combinado será disuelto y las tropas estadounidenses ocuparán un papel de apoyo estratégico. De hecho, la alianza entre Seul y Washington esta experimentando una importante reestructuración desde 2001, presidida por la iniciativa Surcoreana de aproximarse a Corea del Norte y ganar autonomía estratégica y política con respecto a Estados Unidos, lo que seguramente tendrá repercusiones en la región.
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16 Agosto 2006
De un tiempo a esta parte los ojos de occidente están puestos en China. El gigante asiático es el protagonista de las oportunidades y de los temores. Entre estos últimos, el incremento del presupuesto militar chino y, consecuentemente, los miedos a un nuevo escenario de “paz caliente”, esta vez con el Pacífico como principal teatro de operaciones.
En realidad, la inmensa mayoría de ciudadanos desconoce todo lo relativo a cuestiones de defensa y seguridad, algo con lo que la industria intelectual al servicio del poder cuenta para manipular los miedos de los ciudadanos. Por lo que, como premisa para continuar el artículo, propongo observar, a título orientativo, el siguiente cuadro concerniente a los Presupuestos de Defensa (2003) de las principales potencias mundiales:
Estado Presupuesto (en Millones de $)
EEUU 404.920
Rusia 62.200
China 55.948
Francia 45.695
Japón 42.835
R.Unido 42.782
Con estas cifras en la mano, es fácil comprobar que la “amenaza” militar china es solo un titular sin fundamento.
Mucho más interesante, y sin titulares y tertulias que la difundan, es la tendencia –continuada en el tiempo- de un aumento del perfil político y militar de Japón. En el país del sol naciente, existe una apuesta clara por aumentar su margen de autonomía –con respecto a EEUU- y tener un peso en las relaciones internacionales más acorde con su potencia económica. Máxime en un momento como en el que vivimos, de reajuste mundial y donde la competencia nacional ha vuelto a parámetros económicos, tras el final de la competencia ideológica que caracterizo la “Guerra Fría”.
Existe un amplio consenso, entre analistas de distintas tendencias, en torno al papel del primer ministro japonés Junichiro Koizumi como artífice de la ruptura de Japón con su reciente pasado pacifista y la puesta en marcha de una ambiciosa política de liderazgo regional.
Durante su mandato, que expirará el próximo septiembre, Koizumi ha liderado importantes reformas legislativas que han permitido al ejercito japonés –el más moderno y mejor armado de toda Asia- intervenir activamente –en tareas de apoyo a las tropas estadounidenses- en escenarios bélicos como Afganistán o Irak, algo impensable hace algunos unos años.
A estas reformas legales y salidas expedicionarias, hay que añadir los acuerdos de mayo y junio con Estados Unidos en materia de reorganización de la presencia norteamericana en Japón –que incluyen la construcción de nuevas infraestructuras entre ellas un aeropuerto militar de dos pistas “en forma de V” y del despliegue de un escudo antimisiles.
A esta dimensión de seguridad y defensa, se le debe añadir la erosión del recuerdo de la II Guerra Mundial en el imaginario colectivo de los jóvenes japoneses, la amenaza –más simbólica que real- por parte de Corea del Norte y la abierta competencia con China -en primer lugar- por los recursos naturales de la región y a largo plazo por la supremacía regional.
En este contexto, el primer ministro japonés ha visitado el santuario de Yasukuni. Es verdad que esta es la sexta visita de Koizumi al templo donde se honra a 2,5 millones de japoneses caídos en combate. Pero es la primera que realiza a nivel oficial y en una fecha tan señalada –15 de agosto- como el aniversario de la rendición de Japón. Y lo hace desoyendo tanto las críticas de sus propias filas, de sus aliados y opositores políticos, como las advertencias diplomáticas de los dos países que más sufrieron el imperialismo japonés durante el siglo XX: Corea del Sur y China.
En Asia, el templo de Yasukuni, fundado en 1869, esta asociado al culto y al juramento de los ejércitos japoneses de dar la vida por su emperador, y es considerado un emblema del militarismo japonés. En 1978 se incluyó entre las almas veneradas a 14 criminales de guerra de clase A, entre ellos el que fuera primer ministro de Japón durante la II Guerra Mundial, Hideki Tojo, ejecutado por crímenes de guerra.
Más allá del “profundo remordimiento” en nombre de Japón por los “enormes sufrimientos” infligidos en Asia durante la Segunda Guerra Mundial, expresados por el Jefe del Gobierno nipón, Seúl y Beijing consideran que las visitas de Koizumi son un respaldo implícito a la barbarie japonesa en Asia y sus cancillerías sostienen que esta visita dificultará las ya complicadas relaciones con Tokio.
Cuando Koizumi llegó al poder –en abril de 2001- prometió visitar Yasukuni y venerar sus almas un 15 de agosto. El primer ministro ha cumplido. En un país como Japón, donde el honor y los gestos son tan importantes, esta visita representa un hito al que merece la pena seguir la pista. Habrá que estar atentos.
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17 Julio 2006

China como actor político a renunciado explícitamente a cualquier posición de liderazgo. Baste con examinar el caso de la invasión de Irak para darse cuenta del bajo perfil de China en las relaciones internacionales. No obstante, uno de los grandes temas de los analistas de política internacional es el papel que jugará China en el futuro.
Los análisis se dividen en tres grandes grupos.
1) Quienes creen que China será neocolonizada por el capital euroamericano y quedará reducida a Estado comparsa.
2) Quienes ven China como un Estado concentrado en sus propios problemas, preocupada por lograr un crecimiento sostenible que le permita sacar a su población de la miseria e integrarse plenamente en la comunidad internacional, tratando a lo sumo de impulsar espacios de integración regional acorde a sus intereses de desarrollo y seguridad
3) Quienes entienden China cono una potencia cautelosa, concentrada en la acumulación del suficiente potencial estratégico, aspira en primer lugar a lograr la hegemonía regional como paso imprescindible para restaurar el lugar de potencia internacional de primer rango que le corresponde.
Más allá de las hipótesis, lo cierto es que la transición de la llamada tercera generación de líderes a la cuarta (los nacidos entorno a las décadas de los cuarenta y cincuenta) efectuada entre fines de 2002 y comienzos del 2003, y concluida en septiembre de 2004 cuando Hu Jintao asumió todo el poder –Partido, Estado y Fueras Armadas- a traído consigo cambios en la política exterior china.
Veamos algunos de ellos.
Tercer Mundo. Aunque China sigue renunciando explícitamente al liderazgo, puede apreciarse el giro que Pekín ha dado hacia el Tercer Mundo en busca de recursos. A través de distintas formulaciones diplomáticas, China esta profundizando sus relaciones con los países en vías de desarrollo. La incógnita a despejar es si esta colaboración evolucionará o no hacia un liderazgo más activo.
Rusia. La relación entre los dos gigantes se sitúa hoy sobre nuevos parámetros que han dejado atrás los contenciosos del pasado. Esto no significa la desaparición de tensiones entre Moscú y Pekín, más bien que estas son de distinta naturaleza. No obstante, desde mediados de los noventa existe un fluido diálogo que se ha transformado en acuerdos estratégicos en materia energética, de cooperación científica y de seguridad, a través de la Organización para la Cooperación de Shanghai. Aunque con sus propios intereses, ambas potencias se sienten incómodas con la fuerte expansión de Estados Unidos en Asía Central
Estados Unidos. Todo apunta a que en ambos lados del Pacífico los intereses comunes siguen pesando hoy en día más que los contradictorios, además China es consciente de la superioridad estratégica de EEUU. Ello no le impide sin embargo desarrollar ciertos contrapesos a la presencia estadounidense en Asia. Así por ejemplo, aunque China a respaldado la lucha antiterrorista y las políticas de seguridad internacional de Estados Unidos, no ha dudado en sumarse a la conceptualización que la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) hace de la lucha contra el terrorismo. Para estos países la lucha contra el terrorismo es la guerra contra la pobreza y ello debe priorizar la cooperación económica con las áreas menos desarrolladas de la región. La siempre sigilosa diplomacia china, esta construyendo –a través de distintas alianzas en la región- un sutil pero claro mensaje para su socio estadounidense: la seguridad de Asia es cosa de asiáticos.
Europa. La exhibición de poder estadounidense en Oriente medio, ha aproximado a China con la Unión Europea. Aunque tradicionalmente desde China se ha dado prioridad a las relaciones bilaterales la aprobación, en octubre de 2003, del Libro Blanco sobre Políticas hacia la Unión Europea impulsa la cooperación –con un buen número de medidas concretas- institucional en todos los ámbitos con la UE. En el nuevo contexto internacional post 11-S, Pekín comparte con Bruselas la preferencia por la negociación en las crisis, pero también asientos clave en los organismos multilaterales. El Libro Blanco es además sumamente interesante porque refleja una nueva conceptualización de la diplomacia china basada en la “participación activa” que parece indicar una mayor participación política de China en las relaciones Inter.-regionales y globales
Japón. Esta nueva política exterior china tiene, naturalmente, como escenario privilegiado el Noreste asiático, uno de los puntos más calientes del planeta. En estas coordenadas geográficas están implicados los intereses de grandes potencias. Una de ellas es Japón, rival histórico de China y que próximamente presentará una reforma de la constitución que posibilitará el rearme japonés, como preludio de la decisión de Japón de recuperar el lugar que le corresponde a la segunda economía nacional más importante del planeta. El conflicto con China es cuestión de tiempo, pero además hay que recordar la existencia de dos agentes altamente inestables: Corea del Norte y Taiwán, donde su presidente Chen Shui-bian esta forzando la tensión con el Continente, que no dudará en “hacer lo necesario” para evitar la secesión de la antigua Formosa.
China busca seguridad, desarrollo económico que le permita salir del atraso y recuperar su rango de gran potencia y que sus posiciones son respetadas. Un programa que tiene todos los boletos para colisionar con otras grandes potencias con intereses en la zona, y sembrar temor entre las naciones más pequeñas de la región. Es natural por tanto que los dirigentes de la “cuarta generación” que se hicieron con el poder en el 2003 apuesten por la “ascensión pacífica”, una estrategia a largo plazo basada en su propio desarrollo, que busca tanto convertirse en la principal economía asiática como incrementar sus capacidades defensivas.
La “ascensión pacífica” tiene como objetivo declarado evitar cualquier conflicto, es decir dar argumentos a otras grandes potencias para desarrollar políticas de contención. Desarrollo, autonomía y no-conflicto, parece una política sabia y que refleja un hondo sentido de la historia y conocimiento de la estrategia, ahora solo falta ver como encaja con los objetivos económicos y políticos de Japón, Estados Unidos y las potencias europeas.
El artículo completo en:
"La Ascensión Pacífica". El papel de China en las relaciones internacionales / Andrés Herrera Feligreras En: Libre pensamiento, ISSN 1138-1124, Nº. 51, 2006, pags. 82-85
O en GUOJI GUANXI en Blogger
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17 Julio 2006

En verano de 2004, la todavía asesora de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Condoleezza Rice, visitó China y en sus conversaciones con Hu Jintao y Jiang Zemin, Taiwán fue el tema central.
China tiene una doble preocupación, de una parte la intención como ya se ha señalado de Chen Shui-bian de dejar una Constitución taiwanesa como su legado político. Aunque en este campo ya hemos visto los avances continentales y se ha citado el estado de la opinión pública.
La otra gran preocupación es la nueva actitud de EEUU en el pacífico, que la victoria republicana a consolidado en lo que se denomina la doctrina de “posición avanzada” y que contrasta con la actitud conciliadora con China de la Administración Clinton. Aunque Washington mantiene una retórica favorable al status quo y se muestra partidaria de las tesis tradicionales chinas, la hipersensibilidad de Pekín ante la cuestión taiwanesa es manifiesta. En China son conscientes de que el principal objetivo estratégico de los EEUU en Asia es mantener la paz y la estabilidad en el Estrecho de Formosa y en toda la región, pero al mismo tiempo los hechos dicen más que las palabras, y las relaciones entre la Casa Blanca y el Palacio Presidencial de Taipei no han tenido un momento tan dulce desde 1979.
En realidad, los llamamientos chinos a los tres noes son obviados por los hechos (contactos al máximo nivel, venta de armas y maniobras militares conjuntas y apoyo de EEUU para que Taiwán entre en la Organización Mundial de la Salud) y de hecho, las limitaciones han venido de la propia Asamblea Legislativa taiwanesa como resultado de la acción del bando azul.
El triangulo China-Taiwan-Estados Unidos es muy complejo , se trata de un rescoldo de la Guerra Fría que todavía puede prender. Para China, la reintregración territorial es sagrada, y aunque diplomáticamente puede aceptar por tiempo indefinido el actual estado de las cosas, en ningún momento permanecerá pasiva si Taiwán persiste en su independencia. En los cálculos de Chen, esta muy presente que la credibilidad política de Estados Unidos en el área se juega en el estrecho y que EEUU no permitiría una integración de la isla por la fuerza, además una China potencia con capacidad para actuar militarmente por su cuenta constituye una amenaza para las aspiraciones imperiales de los conservadores estadounidenses.
En Washington la situación es delicada. No se está dispuesto a permitir que Taiwán inicie una senda peligrosa y en ese sentido auspicia el dialogo y el entendimiento, sin embargo Chen acierta al presumir que una coerción militar, con éxito de China sobre Taiwán seria perjudicial para el liderazgo de EEUU en la zona. Probablemente, en la Casa Blanca se apueste por mantener Formosa dentro de la orbita de influencia política y militar estadounidense, en tanto que Pekín no acepte las reglas de juego de la democracia liberal y el mercado.
Extracto de, ¿Una sola China en el mundo? / Andrés Herrera Feligreras, Yu-Ting Lu.EL Viejo Topo, Nº. 216, 2006, pags. 68-77
podeís encontrarlo en GUOJI-GUANXI de Blogger.
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17 Julio 2006
Con el final de la Guerra Fría ha quedado pulverizado el orden establecido en la Conferencia de Yalta. La división del planeta en áreas de influencia ideológica, generó dos sistemas económicos separados que perpetuó el estancamiento en el que la globalización económica había quedado en 1914.
La caída del muro de Berlín simbolizó el final de esa contención, el final de una etapa de estructuras estáticas e incuestionadas , especialmente en Europa. Sin embargo desde 1989, las grandes potencias económicas han estado tomando posiciones y realizando ajustes para la pugna por el mando mundial. El fin del socialismo real, ha devuelto a la competición entre los Estados-nación su naturaleza económica, despojándola de la legitimidad ideológica y moral que tuvieron, durante el periodo 1945-1991, las dos grandes superpotencias. Hoy la URSS ha desaparecido, y Estados Unidos ve cuestionado su liderazgo en Occidente.
Con la caída del muro, Europa perdió valor estratégico para la geopolítica estadounidense, y desde entonces, en ambos lados del Atlántico se desea rediseñar la relación entre Estados Unidos y la Unión Europea. En ambas orillas hay quienes apuestan por entenderse y quienes valoran que el entendimiento solo es posible renunciando a intereses vitales. Tras el 11 de Septiembre, en la Administración de los EEUU – pero no en todo el Establishment estadounidense– se ha apostado por la hegemonía, y ésta requiere de la supeditación del otro. De esta manera, si en el área trasatlántica la relación está marcada por la cooperación y las inversiones mutuas, fuera de ella predomina la competencia política y económica.
La caída del muro fue el pistoletazo de salida hacia la explotación de nuevas oportunidades, de nuevas áreas de influencia ideológica y sobre todo económica. A pesar de toda la literatura sobre lo novedoso del proceso y las características de la globalización, el examen de la historia inmediata es concluyente: el capital productivo –por muy multinacional que sea– sigue dependiendo del Estado-nación .
Los datos establecen que hoy, las relaciones económicas siguen siendo Inter-nacionales, y se sabe que la apertura de nuevos mercados constituye uno de los elementos centrales de la “destrucción creadora” del capitalismo . Por otra parte, la experiencia histórica señala que los Estados-nación, sea cual sea su sistema político, compiten políticamente –a través de la diplomacia o los cuerpos expedicionarios– para aumentar su influencia y para que sus capitales obtengan las mejores condiciones en los mercados emergentes. En suma, todo apunta a que, el escenario que Francis Fukuyama describía como el fin de la historia, no es sino el retorno al punto de partida, un re-inicio de la historia desde el que se abren múltiples posibilidades.
La caída del muro y el colapso soviético, lejos de simbolizar el triunfo definitivo del mercado y la democracia liberal, de adentrarnos en “la etapa única y definitiva de la larga marcha de la humanidad” , representa la imprevisibilidad de la historia. Ésta habla de lo que solo se puede ver cuando ha acontecido y de la constante posibilidad de generar escenarios nuevos. Cómo el que se recorre en este artículo, donde los aliados de ayer se convierten hoy en rivales latentes dentro “de una misma civilización”. Definitivamente la caída del muro de Berlín no representa el fin de la historia, sino el elemento simbólico de su apertura.
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