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Guoji Guanxi 國際關係

Un mundo, dos miradas 一個世界, 兩種眼界

Categoría: Artículos de Rafael Poch

12 Marzo 2007

China: Mundo Rural y Urbanización

La tierra y la propiedad rural vienen protagonizando, debido a los debates en la APN, nuestros últimos post. Hoy añadimos un reportaje aparecido en La Vanguardia sobre Mundo Rural y Urbanización en China, el autor es nuestro amigo Rafael Poch, corresponsal del periódico catalan en Beijing.

A ver que os parece...

En el país de la última enmienda

por Rafael Poch-Feliu

De todas las civilizaciones, la china ha sido la más longeva. Los chinos son especialistas en sobrevivir, y vamos a necesitar de ellos.

El viaje por la costa china cruza algunas de las zonas de mayor "crecimiento" del mundo. La simple realidad es que el viajero atraviesa un paisaje hermafrodítico, en el que lo urbano es rural y lo rural es urbano, una especie de inmenso "gran Vallés" de tierra removida, catastróficamente superpoblado. Que visita algunas de las ciudades más feas del mundo, surcadas por los ríos más sucios y los mares más contaminados del planeta. Y todo bajo el denominador común de una crónica niebla tóxica, que nos acompaña a lo largo de 3000 kilómetros, desde Dalian, en el extremo norte hasta Cantón, en el extremo sur. En este contexto, todo lo demás es lírica.

Hubo un tiempo en que eso del "crecimiento" era motivo de orgullo. Ya no lo es. La era que comenzó en el siglo XVIII con la revolución industrial y la eclosión urbana, la civilización de la codicia, llega a su fin. En Occidente funcionó (en términos históricos, podríamos decir que, "funcionó una pequeña temporada"), gracias al saqueo de amplias zonas del planeta -el "Nuevo Mundo" aportado por los descubrimientos de hace 500 años- y gracias al hecho de que todo aquello solo ocurría para el 10% de la humanidad.

Como explica Karl Polanyi en un libro escrito en 1944 que fue, sin duda, uno de los más importantes del siglo ("The Great Transformation"), aquella "mejora casi milagrosa de la producción vino acompañada por una catastrófica dislocación de la vida de la gente común". Nunca en los milenios de la historia humana hasta la Revolución Industrial, había existido una economía controlada por los mercados, un caballo desbocado, con la ganancia y el beneficio obtenidos en el intercambio situados en el centro de todo.

Rememorando la Inglaterra de principios del XIX, Polanyi explica que, "a pesar de la explotación, el trabajador podía estar mejor que antes, en términos financieros. Pero un principio muy desfavorable para la felicidad individual y general, estaba destruyendo su ambiente social, su vecindad, su posición dentro de la comunidad, su oficio; en una palabra, estaba destruyendo las relaciones con la naturaleza y con el hombre en las que se materializaba anteriormente su existencia económica". Casi todo puede aplicarse a la China de hoy.

En la admiración del actual desarrollismo chino hay algo muy iluso, algo que no entiende el drama de quien llega tarde a un modelo ya caduco. En la URSS de los setenta aun se rendía culto a la industria del carbón y el acero, cuando en Occidente el sentido común sobre el progreso ya se vinculaba a la eficiencia energética y a las tecnologías de la información.

En China, y en India, pasa algo parecido, pero aun mayor, porque están llegando tarde, no ya a un paradigma cambiante sino a una civilización en quiebra. Esa "economía de mercado" y sus valores egoístas e insostenibles, ve incluso a China como un balón de oxigeno que le permitirá sobrevivir un poco más. "Asia", dicen nuestros economistas, "será responsable del grueso del crecimiento global en los próximos años". "El futuro está ahí". Paparruchas: el futuro no está en un rascacielos, sino en un campo de arroz, en un bosque intacto, en un manantial no contaminado.

Como Rusia, en la que tanto se inspiró, China practicó después de su revolución un modo de desarrollo endógeno. Su acumulación originaria de capital, los recursos para el despegue de su industrialización, las fábricas, se hicieron sobre las espaldas, y frecuentemente sobre los huesos, de los campesinos. Lo que en Occidente se hizo en 300 años y exportando violencia y excedentes humanos al Nuevo Mundo, en estos países se hizo más rápido y en un proceso interno.

Hubo un momento en el que China era descrita con orgullo como "la fábrica del mundo". En los últimos años se mira ese titulo con preocupación. Poco a poco, los responsables políticos comprenden que en los últimos 27 años, China se ha adherido a un modelo económico caracterizado por grandes niveles de contaminación, emisiones y consumo de energía, combinado con bajos niveles de eficacia y creciente dependencia exterior. Todo lleva a pensar que el icono de Deng Xiaoping descenderá desde su actual alta cotización y que el espíritu de Mao, naturalmente desprovisto de todo lo malo que Mao aportó (fanatismo, antihumanismo, violencia), subirá enteros.

Por cada dólar que ingresa la fábrica global, China usa tres veces más energía que la media internacional, y diez veces mas que Japón. El país fabrica 7000 millones de pares de zapatos cada año, más de lo que la humanidad puede calzarse a la vez, pero para comprar un solo avión "Boeing" debe producir cien millones de pares de pantalones. La manufactura china consume mucha energía y recursos, muchas emisiones y poco valor añadido. La mercancía se va al extranjero y la contaminación se queda aquí.

China es el segundo emisor mundial de dióxido de carbono (CO2) y alcanzará en el 2009 a Estados Unidos en emisiones de ese gas, el principal factor de calentamiento global. Dieciseís de las 20 ciudades mas contaminadas del mundo se encuentran en China. Una tercera parte del país sufre el efecto de la lluvia ácida. La mitad de las aguas en sus siete mayores ríos es prácticamente inutilizable. Anualmente se registran unas 400.000 muertes atribuidas a la contaminación del aire. Las perdidas medioambientales se estiman -según las diversas fuentes- entre el 7% y el 20% del PNB en los últimos veinte años.

La estrategia de urbanización comienza a ser puesta en cuestión, porque es evidente que no hay recursos para sostener la urbanización/crematística de 800 millones más. Desde el inicio de la reforma de Deng Xiaoping, a principios de los ochenta, el número de ciudades ha pasado de 315 a 669. Cada año se construyó una media de 760.000 kilómetros cuadrados y cada año esa expansión del ladrillo y el asfalto aumenta a razón de un 5,7%. La urbanización ha restado superficie agraria a una sociedad que presenta la relación más critica del planeta entre (mucha) población y tierra (escasa). Entre 1988 y 2000 los chinos han pasado de 0,0012 kilómetros cuadrados per capita a 0,0010. En China no hay bosques ancestrales y son muy raros los que tienen más de cien años. El 60% de las ciudades sufren escasez de agua, de ellas 110 con restricciones severas.

Uno de cada diez chinos urbanos declara que la ciudad en la que reside no es deseable para vivir y cuatro de cada diez se declaran descontentos con la calidad del aire que respiran y consideran que la contaminación afecta la salud de sus familias. El año pasado fue el peor para el medio ambiente, con una media de un serio accidente de contaminación cada dos días.

Claro que la catástrofe medioambiental no es ineludible, pero es un hecho que todos los indicadores apuntan hacia un callejón sin salida. China, que es un país capaz de acometer profundos cambios de ruta, no parece tener futuro si sigue por esa vía, que es la nuestra. La gran enmienda a la totalidad que corrija aquella anomalía histórica, inhumana e insostenible, nacida en Occidente hace 300 años, tiene en China un escenario principal. De todas las civilizaciones, la China ha sido la más longeva. Son especialistas en sobrevivir y vamos a necesitar de ellos

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11 Noviembre 2006

¿Por qué Mao se mantiene en China?

El 9 de septiembre se cumplieron 30 años de la muerte de Mao Zedong, en aquellas fechas desde Guoji-Guanxi no pudimos hacer ninguna aportación sobre el aniversario. En las últimas semanas hemos estado leyendo distintos artículos y aportaciones que se escribieron sobre la efeméride.De todos ellos, hemos seleccionado el que a nuestro juicio da una visión más integral sobre el significado de Mao en la China de hoy.

Se trata del artículo que bajo el título ¿Por qué Mao se mantiene en China? escribió Poch-de- Feliu en La Vanguardia,con motivo de la muerte del "Gran Timonel" escribió Rafael esperamos que lo disfruteis tanto como lo hemos hecho nosotros...

PEKÍN - Una de las preguntas más comprensibles que se hace la gente cuando viene a China y ve; el capitalismo, la voracidad del consumismo, la explotación en las fábricas y el darwinismo social en asuntos como educación y sanidad, es, “¿qué tiene que ver esto con Mao y el comunismo?”. La respuesta es que para quienes observamos el mundo desde el Paseo de Gracia de Barcelona, capitalismo y comunismo son como la noche y el día, pero que desde el punto de vista de un país en desarrollo, obsesionado por salir del agujero de la miseria y el retraso, esos dos sistemas están históricamente unidos por el mismo afán de modernización.

Una definición de “comunismo chino”
Cuando Mao y la generación revolucionaria era joven, en los años 20 y 30 del pasado siglo, los chinos “compraron” el socialismo por las mismas razones por las que sus sucesores “compraron” el capitalismo en los ochenta: porque era lo más eficaz y exitoso que había en el mercado de las recetas de modernización. Ahora ya casi se ha olvidado que en los años 30, la URSS salía prácticamente indemne de la crisis del 29 que asoló los Estados Unidos y otras potencias occidentales, y lograba crecimientos y avances muy notables. Hay documentos del Departamento de Estado norteamericano de aquella época en los se habla de la economía de planificación central, dando por supuesto su superioridad. Así que entonces, los chinos compraron lo más moderno que había en la tienda en aquellos momentos.

En el supermercado de los años ochenta lo que el vendedor decía que funcionaba (y lo que la experiencia sugería observando a los “tigres asiáticos” del entorno de China y el derrumbe en Europa del Este) era el capitalismo, así que los chinos lo compraron, sin ninguna ruptura interior, porque su impulso, ansia y objetivo en los ochenta, seguía siendo el mismo que el de los años veinte y treinta, y el mismo que el actual: construir un país fuerte y próspero. Llegamos así a una definición, simplista, de lo que es la esencia del “socialismo con características chinas”.

Tras la Revolución de Octubre, Lenin definió el comunismo ruso de una forma tan extraña como, “el poder de los soviets, más la electrificación de todo el país”. Ahora se puede decir algo aun más exótico; “el comunismo chino es construir una China fuerte y próspera más el Da Tong”. El “Da Tong”, traducido como “gran armonía” o “gran unidad”, es el ideal confucioniano de la cohesión social derivada de una economía próspera y una sociedad estable.

Para los chinos la revolución fue ante todo, la restauración de la paz y el orden, el renacimiento de una gran nación, y civilización, milenaria que había perdido el tren de la historia hacía tres siglos y que llevaba uno postrada ante los extranjeros. ¿Que eso costó mucha sangre, cruel e innecesaria?. Naturalmente, pero lo que hay que comprender es que su resultado ha sido mucho más que la proyección imperial de Francia en Europa con Napoleón, en la que murieron 2 millones de los 20 millones de franceses, lo que no impide que el Emperador siga allí enterrado, en el corazón de París. Pese a todos los sufrimientos del maoísmo, al pueblo chino le fue mejor, en parámetros como consumo medio de alimentos, mortalidad y esperanza media de vida, que a la inmensa mayoría de países del Tercer Mundo, incluidos los países del sureste asiático excepto Malasia y Singapur. Mao puso las bases de todo eso. Esa es la razón por la que, independientemente de que la gente viva hoy en China mucho más libre que en su época y no haya ningún deseo de regresar a las relaciones del maoísmo, sea bastante difícil encontrar en China un hogar rural que no tenga el retrato de Mao, frecuentemente con el de Liu Shaoqi y Zhou Enlai, colocado en la pared principal.

Un “Lumpen intelectual” campesino
Mao era hijo de campesinos ”ricos” de Hunan (la propiedad de su padre era de…una hectárea). Su educación fue muy elemental, fue un autodidacta y un “lumpen intelectual”, muy diferente de los demás padres del PC chino que le miraban desde arriba. Lo que le hizo destacar no fue su aportación teórica, que fue nula. La “teoría maoísta” fue una memez basada en el fanatismo y la ignorancia de Oriente y de Occidente, que llegó hasta los intelectuales de París, y desde ellos hasta los cerebros de actuales ex ministros del PP y candidatos a la Presidencia de la Generalitat. Por lo que Mao destacó fue por su agudeza y astucia campesinas.

Mientras los comunistas eran masacrados en las ciudades, el creó un ejército en 1930/1931, lo que cambió las cosas. Durante la “Larga Marcha” (salen 80.000, llegan 10.000 en un trayecto a pie de mas de 7000 kilómetros) se construyó la épica. Varios personajes clave en la historia posterior de China, entre ellos Zhou Enlai y Wang Jiaxiang, comprendieron entonces que Mao era “el líder”. A los 37 o 40 años ese personaje alcanzó la jefatura suprema.

La invasión japonesa le da una segunda ocasión para el liderazgo y la usa con extraordinario maquiavelismo: su tesis es captar el discurso nacionalista, pero no perder ni un hombre contra los nacionalistas y los japoneses, dejando que estos se desgasten entre si. A partir de 1936-1938 lee mucho y se forma, comienza a ejercer un poder total y se gana la confianza de Moscú.

La victoria de 1949 se debe a su genio militar, compartido con el de otros dos; Zhu De y Lin Biao (designado sucesor, muerto con su familia en su huida aérea a la Urss en 1971). Zhou Enlai es el gran organizador de la victoria.

Veinte años perdidos
Políticamente, hasta 1955 hay una política de orden constructiva con reparto de tierra, gestión eficaz de las amenazas exteriores (guerra de Corea), un plan quinquenal que funciona, etc. En 1955, se realiza la colectivización forzada, dos años después la represión de intelectuales con el movimiento de las “cien flores”. A partir de otoño de 1957 se lanza el desastre del Gran Salto Adelante con entre 30 y 40 millones de muertos entre 1959 y 1961, por una mezcla de errores políticos y catástrofes naturales. Le sigue la “Revolución Cultural”, que es un intento de déspota en su otoño patriarcal por recuperar la autoridad perdida a causa de la evidencia de su fracaso anterior, mezclado con preocupaciones por el destino de la obra de su vida. De alguna forma, sostenida por la organización, la disciplina, el carácter férreo del régimen, y también por el entusiasmo, China sobrevive a lo que algunos designan como “veinte años perdidos”:1955-1975. “Si se hubiera retirado en los cincuenta su imagen para la historia habría sido impecable”, dicen muchos intelectuales chinos. No ocurrió así y la solución ha sido la genial valoración oficial de “70% correcto, 30% errado”, imposible para Stalin, que fue un déspota oriental mucho más sanguinario, que obligaría, como mínimo, a invertir esa valoración.

Un “milagro” humano
Mao fue, al mismo tiempo, un hombre de estado chino, un revolucionario y un gran burócrata, pero también un visionario voluntarista. Decía que los hombres podían mover montañas y “tomar el cielo por asalto”. Era consciente de la enorme fuerza inercial de la milenaria tradición china y pretendía vencerla mediante una lucha que debía renovarse periódicamente para evitar el regreso inexorable a las debilidades y degeneraciones tradicionales. Decía que el PC debería luchar por su supervivencia cada siete u ocho años. De ahí su “Gran Salto Adelante” de los cincuenta, y diez años después, su “Revolución Cultural”, las dos catástrofes que empañan su legado histórico. Su contribución al “milagro chino”, un asunto de 57 años que arranca en 1949 con la Revolución China, no de los últimos 25 años “de mercado”, un “milagro humano”, que incluye desastres tan evidentes como el Gran Salto Delante, la Revolución Cultural, y la enorme degradación medioambiental cuya exacerbación estamos presenciando ahora, esa contribución, es clara: él puso las bases.

Cuando Mao murió, había, por primera vez en la historia para una gran parte de los chinos, suficiente comida, vestido y techo, acceso a educación básica y asistencia médica rudimentaria. Mejoró la condición de la mujer de forma radical, se acabó con el juego, el opio y la prostitución. El crecimiento económico medio anual fue del 6%, se construyeron diques, ferrocarriles, industrias, hospitales, escuelas, la población se dobló en treinta años. China entró en la ONU y en su Consejo de Seguridad, siendo reconocida como un gran factor internacional.

Sin la Revolución de 1949 y la estatalización económica de los cincuenta, Deng Xiaoping no habría podido realizar su propio “gran salto adelante”, aprovechando con inteligencia determinadas posibilidades de la globalización. Por eso, cuando hablan de su actual renacer nacional, los chinos no comienzan la cuenta en 1978, sino en 1949, hablan de, “los esfuerzos continuados de varias generaciones de chinos” y ponen a Deng Xiaoping en una serie iniciada por Mao y Sun Yatsen. Esa lógica es la que mantiene a Mao sobre el pedestal. La prensa anglosajona nos explica estos días que el nombre de Mao está siendo marginalizado en los libros de texto de Shanghai. Eso es anecdótico. ¿Entiende esa gente algo de historia?. FIN

Tags: mao

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15 Octubre 2006

UNA VISIÓN LÚCIDA SOBRE LA CRISIS NUCLEAR COREANA

La generalización de la irresponsabilidad

Por Rafael Poch,
corresponsal de La Vanguardia en China

La socializacion de la destruccion masiva lo ha cambiado todo en el mundo

La socialización de la destrucción masiva es la gran novedad de nuestro tiempo. Cambia aspectos esenciales en la diplomacia y las relaciones internacionales. La política de amenaza y agresión del pez grande contra el chico, por ejemplo, ya no puede pretender ser impune. Hasta países tan insignificantes como Corea del Norte tienen capacidad de respuesta. Y más allá de los estados, la capacidad "privada" de los subyugados, de los desesperados o de los criminales, de llevar a cabo grandes matanzas (la lección ignorada del 11-S neoyorkino) lo cambia todo. Ya no hay guerras ni hegemonismo sin riesgos. El mundo se convierte en un lugar inquietante e inseguro para todos, no solo para los de siempre.

La urgencia de detener la proliferación nuclear y de avanzar hacia la completa eliminación y prohibición de las armas de destrucción masiva es más clara y evidente que nunca. Esa perspectiva es muy dificil de realizar sin el ejemplo de los que hasta hace poco tenían el monopolio exclusivo de la destrucción masiva. El fin de la guerra fría, cuando la URSS de Gorbachov se puso en esa sintonía, fue una trágica ocasión perdida. En Occidente preferimos hacer ver que, simplemente, habíamos ganado otra guerra. Desde entonces, Washington ha sustituido rudimentos de no proliferación como el tratado ABM por un "vale todo". Se ha liberalizado la doctrina del primer uso del arma atómica (que hasta Chirac ha enunciado) y de su utilización preventiva en conflictos convencionales. Una especie de banalización.

Además, desde esa extraordinaria temeridad se pretende imponer una legalidad desigual y caprichosa. Según ella, Israel puede tener armas, pero no Irán, India y Pakistán pueden lanzar misiles y realizar pruebas sin cometer delito, pero no Corea del Norte.

Los grandes creen que sólo ellos pueden ser irresponsables. Esa miopía nos conduce, directos, al escenario que Inmanuel Wallerstein considera como el más probable para el siglo XXI: un mundo de anarquía multipolar sacudido por graves fluctuaciones económicas.

Después de la primera guerra del Golfo, en 1991, cuando el Secretario de Estado de Bush padre, James Baker, advirtió a Sadam Hussein contra tres conductas que merecerían una respuesta nuclear de Estados Unidos, el viceministro de defensa indio dijo que la conclusión de todo aquello era: "nunca negocies con Estados Unidos, a menos que tengas armas nucleares".

Después de la guerra fría, Yugoslavia, Irak y Afganistán pudieron ser atacados militarmente por carecer de armas nucleares. Irán quiere resolver ahora ese problema y el régimen norcoreano, ya lo ha hecho.

Según Hans M. Kristensen, de la Federacion de Científicos Americanos, Corea del Norte fue amenazada con armas nucleares tres veces durante la guerra fría (en 1950, 1953 y 1976, con Truman, Eisenhower y Nixon), y una vez después, en 1994, con Clinton. Más recientemente, la administración Bush la declaró parte del "eje del mal", un club de tres países que ya cuenta con dos invadidos desde que se acuñó el concepto. La política de la amenaza se ha complicado con la socialización de la destrucción masiva. Ver en la prueba norcoreana el problema de un régimen irracional e incomparable por su dureza, es no entender nada de la profunda lógica cavernícola que gobierna nuestra casa de locos global.

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En realidad este apartado debería llamarse "SOBRE NOSOTROS", pues esta es una aventura a partes iguales. Nosotros somos Yu-Ting y Andrés, investigadores del Aula de Estudios Chinos de IPES, Doctorandos en Comunicación Pública e Historia respectivamente y curiosos empedernidos. Creative Commons License
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