Un triangulo inquietante: China-Taiwan-EEUU

En verano de 2004, la todavía asesora de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Condoleezza Rice, visitó China y en sus conversaciones con Hu Jintao y Jiang Zemin, Taiwán fue el tema central.
China tiene una doble preocupación, de una parte la intención como ya se ha señalado de Chen Shui-bian de dejar una Constitución taiwanesa como su legado político. Aunque en este campo ya hemos visto los avances continentales y se ha citado el estado de la opinión pública.
La otra gran preocupación es la nueva actitud de EEUU en el pacífico, que la victoria republicana a consolidado en lo que se denomina la doctrina de “posición avanzada” y que contrasta con la actitud conciliadora con China de la Administración Clinton. Aunque Washington mantiene una retórica favorable al status quo y se muestra partidaria de las tesis tradicionales chinas, la hipersensibilidad de Pekín ante la cuestión taiwanesa es manifiesta. En China son conscientes de que el principal objetivo estratégico de los EEUU en Asia es mantener la paz y la estabilidad en el Estrecho de Formosa y en toda la región, pero al mismo tiempo los hechos dicen más que las palabras, y las relaciones entre la Casa Blanca y el Palacio Presidencial de Taipei no han tenido un momento tan dulce desde 1979.
En realidad, los llamamientos chinos a los tres noes son obviados por los hechos (contactos al máximo nivel, venta de armas y maniobras militares conjuntas y apoyo de EEUU para que Taiwán entre en la Organización Mundial de la Salud) y de hecho, las limitaciones han venido de la propia Asamblea Legislativa taiwanesa como resultado de la acción del bando azul.
El triangulo China-Taiwan-Estados Unidos es muy complejo , se trata de un rescoldo de la Guerra Fría que todavía puede prender. Para China, la reintregración territorial es sagrada, y aunque diplomáticamente puede aceptar por tiempo indefinido el actual estado de las cosas, en ningún momento permanecerá pasiva si Taiwán persiste en su independencia. En los cálculos de Chen, esta muy presente que la credibilidad política de Estados Unidos en el área se juega en el estrecho y que EEUU no permitiría una integración de la isla por la fuerza, además una China potencia con capacidad para actuar militarmente por su cuenta constituye una amenaza para las aspiraciones imperiales de los conservadores estadounidenses.
En Washington la situación es delicada. No se está dispuesto a permitir que Taiwán inicie una senda peligrosa y en ese sentido auspicia el dialogo y el entendimiento, sin embargo Chen acierta al presumir que una coerción militar, con éxito de China sobre Taiwán seria perjudicial para el liderazgo de EEUU en la zona. Probablemente, en la Casa Blanca se apueste por mantener Formosa dentro de la orbita de influencia política y militar estadounidense, en tanto que Pekín no acepte las reglas de juego de la democracia liberal y el mercado.
Extracto de, ¿Una sola China en el mundo? / Andrés Herrera Feligreras, Yu-Ting Lu.EL Viejo Topo, Nº. 216, 2006, pags. 68-77



