China: dos crisis en una
Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China (Casa Asia-Igadi)
Rebelión
Se multiplican en China los llamamientos de las autoridades centrales para que a nivel local se adopten severas medidas a fin de ajustar sus pautas de desarrollo a los estándares que permitan a corto plazo un cambio de modelo, más sostenible y armónico, según el reclamo oficial, reduciendo así el actual nivel de crecimiento (10,9% en el primer semestre).
Los líderes chinos vienen alertando de un posible recalentamiento de la economía si no se ajusta el paso entre los poderes central, regional y local, estos últimos cada vez más a su aire en aspectos como el uso de la tierra, la concesión de préstamos bancarios o la selección de proyectos de inversión. Mientras que la población china aumenta un 8% cada año, la superficie cultivable se reduce un 3% anual. De persistir esta tendencia, la seguridad alimenticia y la estabilidad social del país estarían seriamente amenazadas. El 67% de esa reducción se opera en las zonas costeras, las más desarrolladas, donde la presión inmobiliaria es mayor.
Las advertencias sobre los efectos de una política de inversiones incontrolada que podría derivar en una crisis de superproducción han sido destacadas en los últimos días por varias voces de la Comisión Estatal para el Desarrollo de la Reforma, quienes recuerdan que la mitad de las inversiones locales corren por cuenta de las empresas estatales ligadas a los gobiernos locales. El Estado, en suma, parece desoírse a si mismo.
La actual situación es consecuencia de varios lustros de desarrollo acelerado en que las diferentes regiones han interiorizado la necesidad de un crecimiento cada vez más veloz para no quedar a la zaga de las provincias vecinas. Hoy, además, es expresión de las diferentes visiones del proceso de desarrollo chino y del desacuerdo respecto a los compromisos que cada una de ellas debe asumir para asegurar el progreso del conjunto del país. A pesar de las medidas implementadas desde el poder central, lo cierto es que solo el 13% de la inversión externa, por ejemplo, se dirige a las zonas del centro y oeste del país, de modo que los desequilibrios regionales resultan muy difíciles de corregir.
Es esta misma Comisión, heredera de la extinta Comisión de Planificación, la que ha convocado recientemente en la estación balnearia de Beidahe a responsables del centro y de las provincias con el objeto de unificar criterios y políticas para atajar las continuas divergencias prácticas que surgen entre unos y otros y establecer las bases de un compromiso que garantice la aplicación de las políticas centrales en el conjunto del territorio del país. Para China, esta parece ser hoy una de las tareas más urgentes.
Las tensiones centro-periferia no solo abarcan a la dimensión económica. En el fondo, se trata de un problema político que afecta a la orientación general del proceso de reforma. El debate coincide con el proceso de renovación de los comités locales y provinciales del PCCh, quienes, a fin de cuentas, tienen la última palabra en la aplicación de las políticas centrales en todo el país. La reciente modificación de los criterios de selección de los dirigentes ha terciado en la crisis institucional, abriendo la posibilidad de un amplio cambio en el retrato del poder en China, que puede afectar a unos 100.000 puestos dirigentes a todos los niveles y generar muchas resistencias.
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