PenÃnsula Coreana: Presiones de Estados Unidos

Por Manuel Navarro Escobedo.
PRENSA LATINA
Cualquier pretexto esgrime Estados Unidos para intentar aplicar su doctrina hegemónica polÃtico- militar en "un oscuro rincón del mundo", como preconiza el presidente George W. Bush en sus descabellados planes agresivos.
En esta ocasión, el ensayo nuclear de la República Popular Democrática de Corea (RPDC) y la aplicación de sanciones por la ONU, constituyó el caldo de cultivo de Washington para reforzar su alianza con Japón y Surcorea y una supuesta seguridad en el Norte de Asia.
Con ese objetivo declarado, la secretaria de Estado Condoleezza Rice recorrió varias capitales de la región, en especial Tokio y Seúl, sus dos asociadas estratégicas que mantienen más de 85 mil militares del Pentágono con equipos sofisticados, incluso armas atómicas.
"Quiero que todo el mundo comprenda bien que Estados Unidos actuará en conformidad con sus compromisos, tal y como están estipulados en el Tratado de Defensa mutua" firmado con Japón (1955) y Surcorea (1950), ratificó Rice a la prensa en Tokio y Seúl.
Tras sus reuniones con sus pares nipón, Taro Aso, y surcoreano, Ban Kim Moon, Rice amenazó que "el presidente Bush está listo para usar todas las opciones" con ese propósito, en referencia a un ataque militar contra la RPDC, algo no contemplado en las sanciones.
Tal como se esperaba, la enviada de Bush concordó con Aso y Ban en establecer un frente conjunto estratégico para la aplicación "rápida y eficaz" de esas sanciones a Pyongyang, en represalia por su ensayo el 9 de octubre y acerca de su programa nuclear.
La resolución, adoptada por los miembros del Consejo de Seguridad, prevé un embargo sobre "las armas y los materiales conexos", "los materiales vinculados a la tecnologÃa nuclear o a la de los misiles", y "los productos de lujo".
Sin embargo, Rice intentó también en el transcurso de sus visitas a China y Rusia lograr que se implementara la inspección obligatoria de los cargamentos hacia y desde de la RPDC, exigencia que dividió a los Estados de la región norteña asiática, pues Japón la aprobó.
Esa pretensión se inscribe en la denominada Iniciativa de Seguridad contra la Proliferación (PSI por sus siglas en inglés) enfilada en el 2003 por el presidente Bush contra varios paÃses, en particular la RPDC, a espaldas de la ONU.
La misma contempla la adopción de estrategias para impedir el transporte de armas ilegales mediante el registro de medios de transporte y el decomiso de las mismas.
Aunque en la región, tanto China como Rusia y Surcorea se mostraron reacios a "la interceptación de cargas con destino o procedencia de Corea del Norte", y preconizaron atenerse al texto de la resolución 1718, y alentaron una salida negociada al litigio.
En sus formulaciones, Rice obvió que la Carta de Naciones Unidas estipula que las sanciones deben estar claramente definidas, con objetivos precisos, e impuestas durante un perÃodo de tiempo determinado, a fin de minimizar y evitar los impactos negativos.
Además, sujetas a revisiones periódicas y ser levantadas tan pronto como las razones que propiciaron su imposición desaparezcan.
Del otro lado, la resolución de ONU incluye un llamado a la reanudación de las conversaciones a seis bandas en desarrollo en Beijing desde el 2003 entre Estados Unidos, China, Rusia, la RPDC, Corea del Sur y Japón para lograr una solución pacÃfica a la crisis nuclear en la PenÃnsula Coreana.
Contra esas acciones punitivas, Pyongyang sostiene que tal decisión ignora la polÃtica hostil de Washington hacia la RPDC, que es el verdadero origen del disenso nuclear en la PenÃnsula Coreana.
Igualmente, argumenta que el Consejo de Seguridad, haciendo caso omiso de la polÃtica norteamericana, incrimina a la RPDC por ejercer su legÃtimo derecho a defender la soberanÃa del paÃs, mientras reclama con bombos y platillos la desnuclearización de la penÃnsula.
La secretaria norteamericana de Estado llegó a Beijing para intentar convencer al gobierno chino de unirse a la aplicación más fuerte de las sanciones, tal como la inspección de buques en alta mar, misión que resultó un fracaso.
Los lÃderes chinos mantuvieron sus firmes posiciones e insistieron ante la enviada de Washington en que todas las partes involucradas en esta crisis deben mantener la cabeza frÃa, disminuir las tensiones y trabajar por la reanudación de las conversaciones a seis bandas.
Idéntica actitud expresaron los dirigentes rusos durante sus encuentros con la jefa de la diplomacia norteamericana.
E incluso manifestaron que mantienen junto con China comunicaciones constantes con Pyongyang para que disminuya las tensiones y retorne a la mesa de conversaciones multilaterales.
Esas negociaciones para lograr la desnuclearización de la penÃnsula coreana se encuentran estancadas desde noviembre del 2005 debido a las aplicaciones unilaterales de Estados Unidos de sanciones financieras y económicas a la RPDC



